Atlas Miller, así era visto el mundo antes del viaje de Colón. En 1494, España y Portugal se repartieron el mundo bajo los auspicios del papa Alejandro VI, luego del descubrimiento de Cristóbal Colón.

Atlas Miller

Nunca, ni antes ni después, dos potencias tuvieron tanto poder y osadía como para repartirse el mundo que se estaba descubriendo. No a todos les gustó, pero solamente Francisco I de Francia se atrevió a pedir al Papa que le permitiera ver el testamento de Adán, al menos la cláusula donde este dejaba todo a los portugueses y españoles y excluía a Francia.

La proeza que se inició al mando de Magallanes y que llevó a buen puerto Elcano concluyó, sin buscarlo, con la primera circunnavegación de la Tierra.

Manuel I de Portugal, 31 años mayor que Carlos I, puso en juego la cartografía, la diplomacia y el espionaje para evitar la expedición.

Este intrigante y misterioso atlas, realizado por orden de Manuel I de Portugal para convencer de forma sibilina a su cuñado Carlos I de la inviabilidad del proyecto de Magallanes es un testimonio de las tensiones geopolíticas de aquellos tiempos.

Aunque incluye información náutica innovadora, la finalidad de esta suntuosa obra era transmitir una idea del mundo totalmente descubierto, lo que era particularmente significativo en vísperas de la expedición de Magallanes y Elcano, expedición patrocinada y financiada por la corona española.

Se trata de un atlas universal de enorme belleza y riqueza decorativa, pero también de gran utilidad práctica y geopolítica, pues refleja los avances sensacionales de los descubrimientos geográficos promovidos por los portugueses en todos los mares del mundo.

Despliega la visión de plenitud y riquezas de diferentes tierras: por un lado, zonas habitadas por animales exóticos y criaturas mitológicas, por el otro, ciudades fortificadas e incluso la Torre de Babel.

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